Desinformación sobre autismo en Telegram creció un 15.000% en 5 años

En los últimos cinco años, el volumen de desinformación sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) creció más de un 15.000% en las comunidades latinoamericanas y caribeñas de Telegram. Este aumento fue aún más intenso en los primeros años de la pandemia del nuevo coronavirus, cuando registró un crecimiento del 635%.
Los datos forman parte del estudio “Desinformación sobre el Autismo en América Latina y el Caribe”, elaborado por el Laboratorio de Estudios sobre Desorden Informacional y Políticas Públicas de la Fundación Getulio Vargas, y por la Asociación Nacional para la Inclusión de las Personas Autistas (Autistas Brasil).
Se analizaron más de 58 millones de contenidos publicados entre los años 2015 y 2025 en 1.659 grupos conspirativos sobre el autismo en 19 países de América Latina y el Caribe. Más de 5 millones de usuarios estaban insertos en estas comunidades que, según los investigadores, están relacionadas con movimientos antivacunas, de negacionismo climático y terraplanismo.
“La pandemia de la covid-19 marcó un punto de inflexión en el comportamiento digital y en la circulación de desinformación. La crisis sanitaria generó miedo, incertidumbre y una demanda intensa de explicaciones – muchas veces en ambientes con baja confianza institucional. Grupos que antes se restringían a temas antivacunas comenzaron a incorporar el autismo como una nueva fuente de pánico moral. Lo que comenzó como desinformación durante la pandemia fue ganando fuerza y se consolidó como un flujo continuo de teorías peligrosas”, dijo Ergon Cugler, autista, coordinador del estudio e investigador del Laboratorio.
Según el estudio, casi 47.300 mensajes publicados en esos grupos contenían información incorrecta o engañosa sobre el trastorno. Brasil concentró casi la mitad de todo el contenido conspirativo sobre el autismo que circuló por Telegram en ese período.
“Las comunidades brasileñas de teorías conspirativas suman el 46% de los contenidos sobre autismo en el continente, totalizando 22.007 publicaciones, alcanzando potencialmente hasta 1.726.364 usuarios y sumando exactamente 13.944.477 visualizaciones”.
Causas incorrectas y curas falsas
En esos grupos de Telegram, los investigadores encontraron más de 150 causas incorrectas o falsas sobre el TEA que señalaban como responsables del autismo a: la radiación de las redes 5G, las vacunas, la inversión del campo magnético de la Tierra, el consumo de Doritos e incluso los chemtrails [falsa creencia de que las estelas dejadas por algunos aviones en el cielo son, en realidad, agentes químicos o biológicos].
También se encontraron 150 curas falsas del autismo, algunas de ellas defendiendo el uso de productos ineficaces e incluso peligrosos “como solución milagrosa”. Algunos de los métodos promovidos en esos grupos como cura para el autismo no contaban con ninguna comprobación científica y pueden poner en riesgo a las personas, provocando daños irreversibles a la salud. Según la investigación, estas promesas de cura son vendidas principalmente por influenciadores y grupos que explotan emocional y financieramente a los cuidadores, transformando la desinformación en un negocio.
“El estudio mapeó 150 causas falsas y 150 curas falsas para el autismo, que van desde la radiación 5G y alimentos industrializados hasta protocolos con dióxido de cloro, ozonoterapia y sustancias sin respaldo científico. Muchas de esas ‘terapias’ son comercializadas por los mismos autores de las publicaciones, transformando la desesperación de las familias en un negocio”, afirmó Guilherme de Almeida, autista, coautor del estudio y presidente de Autistas Brasil.
Uso de la fe
“También hay una instrumentalización de la fe, con promesas de cura por medio de la espiritualidad e incentivos para abandonar tratamientos médicos, reforzando la culpa sobre padres y cuidadores. Las teorías sobre el autismo no están aisladas: se articulan con discursos antivacunas, del ‘nuevo orden mundial’, negacionismo científico y una mezcla ideológica anti-institucional. El estudio muestra cómo estas redes se organizan, crean sentido, alimentan la desconfianza y capitalizan sobre la angustia colectiva”, reforzó.
Una combinación de estrategias es utilizada por estas comunidades de Telegram para difundir la desinformación, destacó Cugler.
“Primero, actúan como burbujas de refuerzo, es decir, espacios donde los miembros comparten y comentan entre sí las mismas ideas, creando una sensación de validación mutua. En segundo lugar, explotan intensamente el lenguaje de la ciencia, utilizando términos técnicos fuera de contexto para dar una apariencia de credibilidad a las teorías. Por último, muchos de estos grupos operan con estrategias típicas del marketing digital: construyen narrativas de miedo seguidas por la oferta de soluciones ‘milagrosas’, vendiendo productos como dióxido de cloro, terapias alternativas e incluso cursos de ‘desparasitación’ del intestino. En muchos casos, el mismo perfil que difunde la desinformación también obtiene ganancias con la venta de esas soluciones, lo que demuestra un engranaje organizado de explotación de la desinformación como negocio”, subrayó.
Almeida alerta que esta desinformación no es algo aleatorio, sino organizado para servir a intereses. “La desinformación sobre el autismo no es inofensiva ni aleatoria: alimenta un sistema altamente lucrativo. El autismo fue transformado en una mercancía y nuestros cuerpos, en materia prima para un mercado multimillonario. Se creó una lógica cultural que naturaliza el autismo como un problema a ser corregido, legitimando una cadena de intervenciones continuas que mueve universidades, certificadoras, clínicas, cursos y algunas grandes ‘corporaciones de la discapacidad’”, afirmó.
“El estudio que presentamos sobre Telegram es la punta del iceberg de esta industria operada entre desinformación y lucro: falsas causas y curas son vendidas por quienes difunden las mentiras. Esta estrategia no solo explota financieramente a las familias, sino que también legitima prácticas pseudocientíficas y desvía recursos públicos. El miedo, la culpa y la esperanza se convierten en consumo – y el consumo, en ganancia. No se trata de casos aislados. Estamos frente a un complejo articulado entre economía, política y cultura. La desinformación cumple un papel central en este juego: abre camino al negocio de la intervención y refuerza una lógica en la que la existencia autista solo tiene valor si puede ser ‘mejorada’ o ‘curada’”, observó el presidente de Autistas Brasil.
Combate a la desinformación
Los investigadores defienden que, para combatir esta desinformación, no solo son necesarias políticas públicas dirigidas al autismo, sino también información. Cugler argumenta que también es necesario responsabilizar penalmente a quienes lucran con la desinformación y exigir una postura más responsable por parte de las plataformas de redes sociales, que deberían limitar la circulación de contenidos perjudiciales para la salud pública. Otro aspecto importante en este proceso, dice él, es la educación “para fortalecer la capacidad crítica frente a la desinformación”.
¿Qué es el TEA?
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se caracteriza por dificultades en la comunicación e interacción social, pudiendo implicar otras cuestiones como comportamientos repetitivos, intereses restringidos, problemas para lidiar con estímulos sensoriales excesivos (ruidos fuertes, olores intensos, multitudes), dificultades de aprendizaje y adopción de rutinas muy específicas.
Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), uno de cada 160 niños en todo el mundo tiene trastorno del espectro autista, aunque la organización destaca que este dato representa un valor promedio y que investigaciones han señalado cifras significativamente mayores. La Asociación Nacional para la Inclusión de las Personas Autistas (Autistas Brasil) estima que cerca de 5,6 millones de personas han sido diagnosticadas como autistas en Brasil.


